Comparativo Tubo o Manga Gástrica versus Plicatura Gástrica.

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Estudio publicado en la revista SOARD año 2014, en el que compara los resultados sobre 140 pacientes, intervenidos de forma consecutiva por un mismo equipo, 70 de Tubo Gástrico y 70 de Plicatura Gástrica.

El número de pacientes que necesitaron un reingreso o una reoperación por alguna complicación, fue de 2 casos en la Plicatura Gástrica y de 2 casos o en el Tubo Gástrico. No hubo mortalidad en ninguno de los grupos.

La pérdida fue similar para ambas operaciones a los 6 meses, aunque a los 12 meses los pacientes operados de Tubo Gástrico habían perdido más peso que los de Plicatura Gástrica.

Se concluye: Que ambas técnicas son seguras y eficaces. Que el Tubo Gástrico es superior a la Plicatura Gástrica. Que la Plicatura Gástrica debe considerarse como una técnica experimental bajo observación clínica.

 

Un nuevo apartado para este foro: Notas, publicaciones científicas

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En este nuevo apartado, voy a ir publicando un pequeño resumen de los trabajos científicos que me hayan parecido más importantes o relevantes para la información del lector.

Siempre me decían mi madre, que si quería ser médico, «tendría que estudiar toda la vida», y la verdad es que aquello, con 7 años a los que ya quería ser médico y no se muy bien porqué razón, me parecía un poco duro. SIn embargo, no sirvió para disuadirme.

Hoy en día, ya 31 años médico, se que efectivamente es así, pero que además lo hacemos con disfrute y no como una obligación para aprobar un examen.

De las distintas lecturas de artículos y revistas científicas que leemos habitualmente, siempre me encuentro con trabajos que me hacen pensar «esta publicación se la debería de enseñar a mis pacientes», o a mis compañeros otras veces. Así que voy a intentar traer aquí un pequeño resumen de trabajos realmente relevantes, que pudieses ayudar a pacientes, familias y médicos no especializados en el tema, a conocer con más detalle la obesidad y sus posibles soluciones,

Verán que no es tan simple, y que mostraré trabajos incluso contradictorios, pero es que eso es la realidad y el día a día de la investigación clínica y del avance de la medicina.

Bien es cierto, que realizar esta pequeña labor de forma amplia y estricta, me llevaría un tiempo excesivo y casi imposible, y sobre todo convertiría este humilde blog en verdadero «pestiño» o «hueso diurno de roer». Así que me perdonarán si puntualmente omito trabajos que quizá debería de haber anotado.

Espero que sea de su agrado y cumpla el papel que busca, aunque de no ser así, habré disfrutado igualmente mostrándoselo a ustedes.

Atentamente

Dr. Jose Vicente Ferrer

Una preparación preoperatoria, digna de recordar.

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La preparación preoperatoria de los pacientes es muy importante, y nos la tomamos muy en serio. No sólo es necesario un buen estudio preparatorio acorde a la operación que se va a realizar y a la edad y estado de salud del paciente, sino que además el paciente debe someterse a una proceso de «mejora intensiva de su estado de salud, justo antes de la operación». Puede parecer algo muy complejo, engorroso y difícil, pero bien organizado y apoyado por un equipo con experiencia, se lleva muy bien y curiosamente son muy raros los fracasos.

El paciente que realizar una dieta de entre 1 y 8 semanas según el grado de obesidad (a más obesidad son necesarias mas semanas) y ejercicio físico programado. Con eso conseguimos que pierda peso, facilitándonos técnicamente la operación, que mejore el estado de forma cardiovascular, someterse a una anestesia es como subir a un monte, que mejore el control de las enfermedades más frecuentes como la diabetes y/o la hipertensión, y que disminuya el acúmulo de líquidos propio de los pacientes obesos, disminuyendo la posible incidencia de trombosis. A mi me gusta comentarle a los pacientes esa frase de «cuando el paciente, después de una preparación preparatoria, viene a la Clínica diciendo -que bien me encuentro, casi ya no hace falta que me opere-, es cuando mejor preparado está para la operación.

Así que todo esto que nos parece tan importante y que nos tomamos tan en serio, no había manera de llevarlo a cabo en este adolescente de esta historia.

Se trataba de una chico de 17 años, enorme, que medía 175 cm y pesaba 225 kg!. Tenía por tanto un IMC de 72 (índice de masa corporal, que es el que relaciona el peso con la altura), cuando lo normal es entre 18 y 25. Con aquel chico teníamos varias limitaciones. El tiempo necesario para la preparación tendría que ser más largo de lo habitual, al menos 3 meses, y por tratarse de un joven adolescente traído por sus padres y que nos miraba con cara de pocos amigos, no parecía una labor fácil. Además, no tenía la posibilidad de pesarse en los pesos habituales de farmacia, porque excedía el peso máximo de las básculas mas habituales. Por otro lado, era un chico que no salía prácticamente de su casa, no tenía vida social, y había dejado de ir al colegio; conseguir que hiciese ejercicio al aire libre un hora al día era como una quimera invencible.

Para poder operarlo con una mínima seguridad, debía conseguir pesar menos de 200 Kg, y ese fue el objetivo que le pusimos. Realmente tampoco era tan complejo perder un 10% de su peso.

A la Clínica venían la madre, la abuela, la tía, y el chico, y todos esperaban mucho de nosotros, y todos presionaban al chaval para que aceptase tratarse y el reto de la preparación. La madre y sobre todo la abuela, también eran obesas, lo que presuponía un hábitos dietéticos en la familia, totalmente inadecuados.

Pueden imaginarse como era el manejo con el chico de la nutricionista, de la psicóloga, o de mi mismo cuando la madre me decía -doctor es que no quiere hacer la dieta ni el ejercicio, tiene que decir que lo haga que es por su bien…-. No se si la dieta duro unas dos semanas la primera vez. Nosotros citábamos al paciente cada semana, para que tuviese un apoyo  refuerzo psicológico y se viese obligado a cumplir con su compromiso, pero contrarrestaba con que el paciente no acudía a la cita, y su madre nos llamaba pidiéndonos ayuda…. Imaginen a un adolescente, aislado socialmente, en su mundo propio, sin deseos reales de someterse a un tratamiento, totalmente desalentado.

Las visitas a la Clínica, la dieta y el ejercicio, lo retomó y la abandonó quizá 12 ó 15 veces, y las llamadas de auxilio de la madre se sucedían en igual frecuencia. Alguna de las veces, pasa un  tiempo largo sin noticas, e Inma nuestra Coordinadora, aun a sabiendas de que no teníamos noticias por las cosas no iban bien, llamaba a la madre para interesarse por el chico.

Con el tiempo aquello se enfrió, y todos dimos por perdido el caso, al menos de momento. Sin embargo, al cabo de 5 ó 6 meses, llamaron y tomaron cita para mi. -Dr. Ferrer, ha vuelto a llamar la madre de «Josu» (nombre ficticio), quiere venir a verle otra vez….-. Aquellas nuevas consultas ya se habían repetido en varios ocasiones y siempre sin éxito. Sin embargo en esta ocasión, la madre y la abuela de estaban especialmente sonrientes; tenían cara de satisfacción, y de orgullo, porque el chico había perdido 25 kg y ya pesaba menos de 200 kg!.

-Dr. Ferrer, ya pesa menos de 200kg y ya se puede operar-, me dijo su madre con seguridad, mientras el chico miraba la reacción atentamente, con gesto de orgullo por el objetivo conseguido. El paciente había hecho la dieta por cuenta propia. Le había costado meses, pero lo había conseguido! Además, hacía 2 horas de ejercicio diario, de forma admirable para el peso que tenía en ese momento. No hacia otra cosa en su vida desde hacia unos meses, que dedicarse en cuerpo y alma a la preparación de la operación, y lo había conseguido.

Realizamos el estudio preoperatorio, comprobamos que el estado nutricional del paciente era el adecuado, y lo operamos con éxito y fortuna, pudiendo aplicar nuestro método «Fast-truk» de rápida recuperación, que le permitió volver a casa en 48 horas, como si fuese un paciente mas.

Finalmente había tomado la decisión de tratarse con todas las consecuencias, adaptándose a las exigencias que le pedía el equipo, y lo consiguió con creces. Además, siguió con ese mismo empeño después de la operación, manteniendo un ejerció físico adecuado y cada vez más intenso, conforme se lo permitía la pérdida de peso.

Recuerdo la última vez que lo vi, a los 3 años más o menos de la operación, con un peso de unos 80 kg, con aspecto fuerte, confiado y sonriente, con su madre esta vez preocupada porque comía muy poco; estaba terminando un grado de formación profesional, y tenía un grupo de amigos con los que salía habitualmente. Era otra persona en el mas amplio sentido. Era francamente bonito ver aquello, y siempre recordé con especial cariño a este paciente al que conseguimos ayudar a que saliese del abismo.

Aprovecho para agradecer a todo mi equipo el esfuerzo y empeño que pusieron en ayudar a este paciente y esta familia, y también al equipo quirúrgico y anestésico, porque no fue un caso sencillo.

Un cordial saludo

Dr. Jose Vte. Ferrer

 

 

Muy cerca de nuestros pacientes: Operando a una niña de 15 años

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Cuando vino a visitarnos su madre, ya me adelantó que su hija padecía obesidad, y que quería que la operásemos una vez hubiese terminado todo el proceso de ella. Sí, ella, la madre, también necesitaba una operación de obesidad, y una buena operación, porque padecía un síndrome metabólico importante.

Pero lo interesante y bonito de esta  pequeña historia, no es tanto la madre, sino su hija. Me adelantó que era una niña que había sufrido mucho, entre otras cosas por su problema de obesidad, ya desde muy pequeña, que había pasado por muchos especialistas, que lo habían intentado incluso poniéndole un balón intragástrico, pero que todo había fracasado. Quería que su hija tuviese una vida normal, y le parecía haber encontrado la solución, y depositaba toda su confianza en nosotros.

La verdad es, que aquella actitud y confianza hacia nosotros, hacia mí y hacia mi equipo, me gustó mucho, me proporcionó ánimo y confianza para tratar a la niña, y además en principio, no parecía que fuese a ser distinto de otras casos de adolescentes que operamos cada año.

El caso pintaba algo distinto desde el punto de vista emocional, pero sin mas inconvenientes por lo demás, sin embargo todo dio un gran vuelco, cuando en plena preparación de la operación de su madre, me adelanta que la niña se le había encontrado una lesión en el hígado (tenía unas molestias inespecíficas desde hacía un tiempo) y que era necesario extirparla; lla lesión estaba en una zona del hígado delicada,  y quería saber mi opinión.

Revisando y pensando en el caso, me di cuenta de que la lesión, estaba efectivamente en un punto realmente muy delicado, donde podían lesionarse partes importantes del hígado, incluso vitales, y que la operación tendría una complejidad añadida por la obesidad de la niña (las operaciones en obesos siempre son más complejas). Además, la operación necesariamente tenía que ser abierta, como las clásicas, abriendo el abdomen, y más bien «mucho que poco», y todo aquello dejaría adherencia muy fuertes que dificultarían enormemente nuestra operación de obesidad…. Pero aquella lesión del hígado era imprescindible extirparla.

Le recomendé que consultaran con una Unidad de Cirugía Hepática que realizase transplante hepático, porque la ubicación de la lesión a extirpar era especialmente compleja. Durante todo ese tiempo, yo no tuve la oportunidad de ver a la niña, pero hablé con ella por teléfono para animarla. La madre afrontó todo con una fortaleza increíble, recién operada ella, volcada en su hija, segura de los pasos que estaba dando. Fue intervenida en un excelente hospital, con gran éxito; fue necesario un control postoperatorio en la UCI y 6 días de hospitalización. No hubo ninguna complicación, pero eso sí, acabó con una buena laparotomía (apertura del abdomen), justo al lado de donde yo tendría que operar en poco tiempo…

Cuando por fin vi a la niña en la consulta, era una niña callada, con aspecto de más edad de la que tenía, quizá más madura por tantos retos a los que se había tenido que enfrentar desde corta edad, y no siempre con éxito, como su imposibilidad de frenar la obesidad. Tenía una gran cicatriz en el abdomen, una línea ancha y sobre elevada, de un color rojo vinoso intenso, dando fe de la fuerza cicatricial de su organismo joven. Estaba en el mismo lugar donde se hacían las heridas para operar la vesícula biliar, pero mucho más grande, partiendo desde el costado derecho, sobrepasando la línea media y llegando hasta el principio del lado izquierdo.

«Pobre criatura» -recuerdo que pensé-, y le hablé directamente de que aquella cicatriz se podría mejorar en unos meses con cirugía plástica. Por lo demás, el caso complejo había ido muy bien, y estaba curado, y aquello era lo importante. El siguiente reto, no obstante, pintaba bastante dificultoso, aunque la niña y la madre no ponían ningún obstáculo y estaban a favor de que se realizase otra laparotomía (cirugía abierta) si fuese necesario.

En esa alternativa, la de operar a la niña abriendo el abdomen, yo no quería ni pensar, pero realmente habían bastantes posibilidades de que así fuera. De ser necesario, tenía que abrir la otra parte del abdomen, la que aún permanecía intacto, de manera que aquella enorme cicatriz que traía, continuaría hasta llegar a final del flanco izquierdo!, algo poco deseable para una niña de 15 años…

Pero aquello no parecía un obstáculo para la madre ni para la hija, que me repetían, – confiamos en usted, y si es necesario abrir el abdomen, «pues se abre»-.

Nostros estamos muy mal acostumbrados, en el sentido positivo, y para nosotros representa un fracaso el tener que abrir el abdomen a un paciente. Los pacientes obesos son extremadamente delicados, y conseguimos no tener prácticamente complicaciones postoperatorias, gracias a que realizamos una cirugía y una anestesia muy finas, en las que, como a mi me gusta decir, el organismo, «casi» no se da cuenta de que lo hemos operado. Y desde luego una cirugía abierta rompía con todos esta filosofía y con nuestros planes.

Llegó el día, y después de la dieta preparatoria y el estudio pre-operatorio correcto, se organizó el quirófano. Recuerdo que los días previos, me venía el caso a la mente mientras hacía otros trabajos, con cierta preocupación, con incertidumbre, y yo me respondía, «todo va a salir perfecto como siempre…».

En quirófano, con la paciente ya anestesiada y preparados todos los campos quirúrgicos, procedimos a introducir cuidadosamente el trocar óptico de 12mm, que nos permite una visión directa del proceso de la entrada en el abdomen. La entrada fue sencilla y rápida, y observamos muy pronto que no habían prácticamente adherencias de la cirugía del hígado!. Aquello era como un milagro!. La verdad es que había decidido dejar un margen amplio, de 6 meses desde la operación del hígado para que el proceso inflamatorio de esa operación desaparecieses completamente, y así había sido, no había casi adherencias ni pegaduras ni obstáculos. Colocamos el resto de trócares, y realizamos la operación con todo cuidado en unos 90 minutos. La paciente por la tarde estaba en su habitación, levantada en el sillón, dando paseos y tomando pequeñas cantidades de líquidos.

A las 40 horas de la operación se fue a casa, para orgullo y satisfacción de todos. La niña no tuve que sufrir más incisiones ni cicatrices futuras, y sobre todo tuvo una operación eficaz y segura.

Es una historia muy sencilla, pero me parece muy bonita y quería compartirla con ustedes. La paciente ha leído con antelación este texto, y está de acuerdo con que lo publiquemos, aunque en ningún momento se desvela la identidad de la paciente.

Un cordial saludo

Dr. Jose Vte. Ferrer